No aparecemos siempre, ¿saben? Para los demás, existimos sin ser nada hasta que un sonido, un recuerdo, un color nos sirve de portal para aparecer en sus mundos particulares. Y entonces resalta ese color, sale de algún lado ese sonido, nos invade la mente esa sensación de pasado, y se abre nuestra puerta. Sin pasos adelante, sin pasos atrás, entramos en otro espacio.
Lo mejor es que todo ocurre sin nuestro conocimiento y sin permiso. Sólo ocurre, como deberían de hacer todas las cosas. Y bueno, esto podría ser también lo peor, cuando por más que se intente no se encuentre la puerta que nos lleve a materializarnos en los ojos deseados. Quién sabe. Son cosas de azar, un azar extrañamente correcto -destino, lo llaman algunos-.
Lo que siempre y/o nunca habíamos esperado.
Una de las grandes constantes en la vida es ésa: la sorpresa que abunda y se antoja de cualquier momento.
Esa que te agarra hasta sentada, hasta en el camino de siempre.
(Sabes que tienes suerte cuando has visto aparecer muchas cosas buenas)
Foto tomada de aquí.
PD: Este post es un mensaje que comparto, y un recordatorio personal. La certeza de lo indefinido e inesperado en el día a día es, para mí, la base de la mayor de las esperanzas.



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