Le temo, y le debo… Aunque la deuda no sea la base del temor.
Vivo pidiendo más, y pensando en acelerarlo constantemente, para llevarme la contraria.
Él mide mi vida por un parámetro que no obedezco, me empuja o me arrastra hacia atrás… y no sé si amo u odio el hecho de que sea finito. Esto es lo que puedo decir sobre él:
Nadie sabe dónde comenzó a caminar,
ni en qué tierras puede atrapársele,
y quizá sólo Dalí le ha visto alas.
Aún así, todos dicen que corre
y saben que cuando quiere, vuela.
¿Un pegaso o una quimera?
Yo, por mi lado, lo quiero atrapar.
El de un suspiro
para abrir y cerrar los ojos.
El tiempo contado que recuerda cada latido;
el tiempo de olvido que encierran las noches en vela,
y el tiempo entre ésta y la próxima caída del sol.
Entre dos de esas cosas que dan esperanzas,
ese cuyo paso sólo entienden los que no están vivos.
Un tic tac infinito de agujas que giran
en la rutina inminente del paciente reloj.
Que suena para despertarme,
que rige mis días, que me recuerda que vienes,
que me ayuda a dormir.
Que dice que ya es hora.
Quiero saber adónde se esconde antes de venir disfrazado de algo especial.
De tiempo comprado, de tiempo perdido,
de tiempo olvidado y tiempos medidos
a un compás que extraño.
Del tiempo que me toma el llegar a ti.
Tiempo que sobra en lo que vivo contigo…
tiempo que pido para andar sin ti.
Quiero saber en qué lugar lo espero.
Al tiempo que para todos va
y otro tiempo que algunos dicen “viene”.
-Un momento - ¿viene?
Porque las horas llegan, el tiempo nunca.
Y siempre me han dicho que es él
quien traerá las respuestas.
¿Pára que espero entonces?










