7 de mayo de 2009

Te amo, adiós

Tendría en realidad que estar en el amper para escribir esto. Y tener uno de tus vasitos vacíos de café a mi izquierda. Siempre a mi izquierda Ram, ¿te has dado cuenta de eso alguna vez?
Hablando de café, nunca he notado si le pones o no azúcar. Qué raro en mí.
Supongo que siempre estoy muy dedicada a escucharte e imaginar esos cuadros complejos y smooth que escribes.
Desde ese punto de vista –y en el sentido original de la palabra – me encantas; a mis ojos, a veces inventas manillas que abren puertas a otra dimensión. Una muy abstracta, que cambia siempre y que reconozco porque sabe a todos esos cafés que yo no he probado. Y yo, que podría saltar entre galaxias de por vida, me vuelvo un poco la Maga intentando atrapar maravillas que no entiendo, y un poco Horacio intentando racionalizar eso que dices e intentas decir una vez que cruzamos tus puertas, una vez que nos adentramos en ese espacio en que tú eres un gato y yo no sé qué soy.

Te escribo, francamente, con mucho aprecio y algo de envidia, darling.
Porque la última vez que nos vimos, lo que me mostraste que habías escrito fue genial, sencillamente. Porque hasta entonces tu inspiración y tus imágenes me sabían más a mundo que a ti… pero no esta vez, y creo que por eso me impactó tanto.
Escribiste un “Te amo, adiós”, Ramsés. No lo supero.

Qué lujo, chico. ¡Qué loco, hombre!
Porque estabas rodeado por -y atrapado dentro de- ella, porque estabas ahogándote felizmente en un mar de anagramas y canciones y cinco-de-la-tardes continuos, porque quizá todo sea un capricho mal mezclado con tu intensidad, o porque de verdad la quieres, qué sé yo. Por alguna razón de esas – o parecida – te despides de alguien que se ha vuelto tu ciudad.
Qué lujo, Ram.
No sé cómo haces, para escribir siempre de mujeres y Caracas. ¿Cómo escribes de dos cosas que amas, empapándote en la segunda y sólo idealizando la primera?
¿Cómo puedes amar y enamorarte tanto de una mujer idealizada?
Bah, olvídalo, eres poeta. Está en tu sangre y creo que nunca lo voy a entender. Por eso es que tú dices que soy muy poco (o nada) Maga, y por el contrario muy ingeniera.
Esta ingeniera no sabe ver tu teamoadiós como una relación causa-consecuencia.
Y ya sé que es inútil que escriba esto, ya sé que todo está hecho y que de nada sirve que te diga que toda esa conversación debió quedar entre tú y aquél gato (el de verdad), pero quizá necesito tan sólo llamar tu atención sobre algo--- ¿será?
Ten cuidado con tus adioses, Ram. Aunque sé, antes de que me comentes nada, que está de más decírtelo, che.

1 comentario:

  1. No, tal vez No eres la maga (No lo se, tengo que conocer más que hay bajo tus lentes oscuros, ¿me dejás, che?) pero no solo eres una ingeniera, No. / Es una extraña dicotomia que corre por tus venas, una terrible dualidad que puede sorprender al más incauto, ya que tal vez, niña de grandes ocupaciones, vida de mujer inmersa en asuntos-adultos, pero alma de literata, alma de poeta, alma de suspiro y chocolate. // Dejame ver que hay tras esos lentes y caminemos por Caracas, deteniendo el tiempo con imágenes, tomándonos sus atardeceres en tazas de café y disfrutando de sus noche en copas de vino, bajo faroles dulces y las caricias de Miles o Piazzola. -Dejame mostrarte Caracas tras mis ojos, tras mis palabras y describamos juntos las esquinas de papel// -Si yo soy un gato, ¿quién ses vos? , Oh mujer, (a veces un poco de Etienne para mi, a veces si, tenéz que ser la Maga (esos comentarios che), hasta Babs sin quererlo / No Horacio, porque solo yo encarno a ese ser tan terrible y caprichoso), deja las complicaciones y paseemos sobre paraguas y elefantes de colores, entre semáforos y teléfonos londinenses / Dejame caminar a tu lado y mostrarte el verdadero nombre de Caracas, -caminemos por Buenos aires, paris y londres, cuando se posan sobre esta pequeña ciudad de locos, con Borges (y sus flores amarillas), Benedetti (y el amor de los angeles) y Cortazar (con el adbekunkus y sus respectivos cronopios). Isabelle, más que un absurdo juego de palabras (o terrible coincidencia de la realidad), es tu nombre que se me escapa hoy, justo ahora, luego de una copa y absurdas complicaciones. // Niña ingeniera, Caracas y sus boulevares nos esperan. El mundo está para escribir sobre él, así como tú, para escribirte y leer la poesia que esconden esos ojos y esos labios. / , entre ciudades y acordeones che.

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