Hace tiempo, meses, estuve conversando con Vero de una clase en la que el profesor se les puso filosófico. Ya no puedo recordar casi nada de ello, pero tengo la palabra central atravesada entre ceja y ceja últimamente. Aquí la dejo, junto con lo que me arrastra a la mente, porque ya me cansé de darle vueltas: sitios.
Los sitios de cada quien. Ella estaba intentando darle sentido, y yo estaba maravillada de que me dieran una forma tan simple de definir algo para lo que hasta entonces no tenía palabra. Porque su profesor les dijo que el humano es capaz de hacer de cualquier cosa un sitio. Que todo olor, rostro, sonido, paisaje, se nos puede grabar como tal. Sabores, sensaciones, imágenes, frases…a las que recurrimos, conscientemente o no, cuando necesitamos de ellas.
Sitios, a veces refugios. Constantes e imperecederos, inmutables, a veces sobre – y otras veces sub- estimados, que constituyen reservorios inagotables de medios para ver, seguir con, o enfrentar a la vida. (Ojo, que eso de “enfrentar” a la vida lo usé porque así se dice popularmente, no porque esté de acuerdo con los pseudo-mártires que van por ahí tomándose la frase por el sentido literal)
Me puse a pensar entonces en mis sitios, o al menos en los que más escapo:
mi familia: mis papás y Sofia
el camino al fotógrafo la 1ª vez en Trocadéro
el olor a canela
un atardecer en algún barranco por Pan de Azúcar
el 1º de mayo 2005, de casi-principio a casi-fin
la tercera cucharada de un Haagen-Dazs de Belgian chocolate
el árbol grande. El mío. Que es como algún lugar en Liège con Sergio
Pedro y Caro. Caro y Pedro
el puente, de llegada. No se pregunten cuál, es obvio, soy maracucha…
el cielo, de día
las subidas a la 37 Neuville-Haut, con mi música
el momento en que le dejé de tener miedo a morirme
Quizá esos son todos. Quizá sean más, pero esas son las paradas frecuentes de mi tour preferido por el día a día. Donde estoy cuando “estoy en las nubes” jaja, a ver si me dejan de preguntar :p
Pregunto yo
¿A dónde vas, si cierras los ojos?
